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Los vehículos automatizados pueden mejorar la seguridad en el futuro.

Blackline Safety,líder en detección de gases conectada y seguridad de trabajadores aislados 10 de agosto de 2012

 

En 2010, el profesor Chris Gerdes, de Stanford, junto con algunos de sus alumnos, configuraron un Audi TTS (apodado «Shelley») para que fuera capaz de completar un circuito de carreras de 12,5 millas a máxima velocidad con el fin de determinar nuevos métodos para enseñar a los conductores a controlar sus vehículos de forma más segura en curvas cerradas y/o a velocidades más altas.

Los vehículos automatizados pueden mejorar la seguridad en el futuro.Imagen cortesía de thecarconnection.com

 

Los investigadores observaron que los pilotos de carreras son capaces de mantener el control de sus vehículos en condiciones que harían perder el control a la mayoría, si no a todos, los conductores normales. El sistema integrado en Shelley tenía por objeto ayudar tanto a determinar cómo ayudar a los conductores a adquirir las habilidades necesarias para mantener un mayor control sobre sus vehículos, como a encontrar formas de proporcionar una mejor gestión del control automatizado en los vehículos de consumo.

Gracias a numerosos sensores, Shelley fue capaz de detectar una curva y calcular la velocidad y el ángulo de entrada necesarios para lograr un equilibrio ideal entre la fricción y la velocidad, lo que permitió completar los giros a la mayor velocidad posible sin derrapar. Los resultados de la prueba demostraron que el sistema era realmente capaz de alcanzar este equilibrio ideal.

La automatización de los vehículos ha sido un concepto muy publicitado en los últimos años y sus implicaciones (tanto positivas como negativas) son enormes. Por ejemplo, con la adopción generalizada de los vehículos automatizados y la comunicación entre vehículos (V2V), se reduciría el número de accidentes debidos a la conducción bajo los efectos del alcohol, el descuido y la mala visibilidad. El consumo mundial de combustible disminuiría debido a la reducción de las infracciones de velocidad y la aceleración excesiva por parte de conductores imprudentes, y el tráfico se gestionaría de forma más eficaz, ya que los vehículos se coordinarían entre sí para tomar automáticamente las mejores rutas, evitando atascos en determinadas carreteras. Este tipo de cambios revolucionarían la seguridad vial, siempre y cuando los propios vehículos pudieran calibrarse para conducir con una seguridad del 100 %.

Hoy, en 2012, Shelley sigue en uso, creando datos que pueden ayudar a la próxima generación de vehículos semiautomáticos y totalmente automáticos a proporcionar una mayor eficiencia y seguridad a sus operadores y pasajeros. Con los vehículos autónomos ya en el horizonte (Google recibió la primera licencia para vehículos automatizados, la «AU-001», en Nevada a principios de este año), parece que estamos muy cerca de ver el lanzamiento de esta nueva generación de vehículos, lo que quizá (esperemos) haga que nuestras carreteras sean un poco más seguras.

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